sábado, 11 de marzo de 2017

Querida amante

Te lo llevaste sin manual de instrucciones, sin preocuparte de lo que quiere y sin saber quién es en realidad.
Tiene sus cosas buenas y malas como todos.
Se preocupó por mostrarme las malas, por sí quería huir antes de empezar, le mostré las buenas cuando decidí quedarme a su lado.

Le gustan los lunes, él es diferente a todos los demás, y lo celebra al llegar a casa con comida japonesa que compra cuando sale del trabajo, siempre en el mismo lugar, es un hombre de costumbres.

Los martes recorta su barba antes de desayunar, le gusta hacerlo mientras preparo café y huele a tostadas. Ese día se despide con un beso más largo de lo habitual tal vez para mostrar que está más guapo y aseado de lo normal.

Los miércoles es ese día neutro en el que va y viene, se siente perdido en el ecuador de la semana, suele hacer el amor como sí no hubiera un mañana, se entrega de modo salvaje y disfruta de cada empujón mientras gime y grita, ese día aparece su yo más desconocido, ese yo sin medida y anárquico que te envuelve y te atrapa.

Los jueves suele estar algo cansado y parece algo preocupado, pero sí le sonríes y le preparas su cena preferida, se acurrucará junto a ti en el sofá sin pedir ni dar explicaciones.

Los viernes sale más temprano de lo normal de casa pero también regresa antes, debes estar preparada para cuando llegue, toca cenar en algún lugar elegido al azar y bailar hasta la madrugada en algún lugar donde que canten y bailen tangos.

Los sábados no madruga, se levanta a media mañana, con algo de resaca, pasa el resto del día en pijama, con algún libro entre las manos, a media tarde, prepara café para dos y enciende ese puro que fuma de sábado a sábado. Suele durarle varias semanas, así que debes estar atenta para tener siempre uno que ofrecerle.

Los domingos está algo triste y distante, antes de levantarte, bésale, acaríciale y termina por hacerle el amor. De este modo se olvidará que al día siguiente todo vuelve a empezar.

Te lo llevaste por que yo dejé que te lo llevaras, quise darle alas para volar y que fuera libre de elegir.

Te lo llevaste, porque aún siendo un hombre de costumbres, había perdido esa costumbre a la que me había acostumbrado y tanto me gustaba, esa costumbre era quererme.




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