viernes, 23 de junio de 2017

Las vueltas de la vida. CAPÍTULO IV


La madre de Mateo se encariñó conmigo así que comenzó a ser norma que pasara las vacaciones con ellos.
La pobre mujer siempre tenía alguna excusa para mis abuelos, de mamá casi no hablábamos.
Los años fueron pasando, cuando por fin cumplí los 14 me trasladaron al pabellón de los mayores, pero entonces Mateo ya no estaba, había cumplido la mayoría de edad y con ella comenzaba sus estudios en la universidad.
Siempre me hablaba de ser ingeniero aeronáutico.

Así que me quedé sola y sin protección, ante la malvada Mariló, pero había aprendido a defenderme, veía a Mateo en vacaciones, cuando ambos coincidamos en casa de su madre.

Mis abuelos fallecieron y mamá quedó inhabilitada para mi custodia, por lo que Mateo se ofreció para ser mi tutor legal hasta que cumpliera los dieciocho.

Seguía siendo el centro de las bromas de mal gusto de Mariló aunque ya no compartíamos habitación, lo que me aliviaba enormemente, coincidamos en algunas clases, no en todas, yo iba por letras y ella por ciencias y por supuesto en el comedor, seguíamos ocupando el mismo sitio de cuando éramos niñas, comíamos cada día frente a frente.

Dejé de responder cuando me llamaban "Zanahoria" y ya no recogía mi pelo en dos coletas, ahora llevaba los rizos sueltos para esconder mis orejas y así evitar insultos y vejaciones.

A Mariló, se la llevaron una mañana del colegio, apenas habíamos cumplido los diecisiete, vino un coche oficial a recogerla, un chófer guardó sus maletas en el maletero y la ayudó a subir al coche.
Más tarde supimos que su madre había vuelto a casarse, esta vez con un pez gordo del ejército y habían decidido trasladarla de internado.
Nunca más volví a saber de ella.
Hasta que me buscó para ser su abogada. 
Después de treinta años, necesitaba de mi ayuda.

Para mi supuso un gran alivio el saber que ya no tendría que verla nunca más, pero para entonces sus insultos y comidillas habían hecho el suficiente daño en mi persona.

Conseguí una beca para estudiar en la Complutense, mis horas de estudio no fueron en balde, obtuve la mejor nota de selectividad, podía elegir estudiar lo que quisiera, pero yo quería ser abogada y tener algún día mi propio despacho.
Los primeros pasos para conseguirlo ya los había dado.

El día que supe que iba a estudiar en la universidad, fui a ver a mamá, no había vuelto a verla desde el día que nos separaron.
Me encontré a una mujer triste, hundida y envejecida, le prometí que la sacaría de allí y que volveríamos a estar juntas.
Ni siquiera supo que estuve allí, mamá seguía muerta en vida.

Los años de universidad me fueron separando de Mateo y de su madre, ya no era su responsabilidad, ya era mayor de edad, ya no pasaba las vacaciones con ellos, aprovechaba para trabajar en cualquier lugar y sacar un dinero, aunque mis estudios estaban cubiertos por la beca, quería comenzar a ahorrar para mi futuro despacho, operar mis orejas y sacar a mamá de aquel hospital que tanto mal le hacía.

Con Mateo mantenía correspondencia de cortesía , felicitaciones en Navidad y cumpleaños.
Coincidimos de nuevo en el funeral de su madre, para entonces él ya era un reputado ingeniero y yo ya empezaba a ser una gran abogada. 
Había abierto mi propio bufete y había trasladado a mamá a un lugar mejor.

Aquel día nos pusimos al día en un almuerzo bastante incómodo y algo tenso.
Mateo me pidió comenzar una relación y por que no quizás casarnos y formar nuestra propia familia.
A lo que respondí con un no rotundo, no entraba en mis planes por el momento un hombre en mi vida y mucho menos una familia, tenía otras prioridades, mi carrera y mi madre, lo demás eran opciones.
Nunca más supe de Mateo."

Regresé a la habitación de Mariló, después de comprobar que sí coche seguía aparcar en el parking del hospital.
Continuamos nuestra conversación donde lo habíamos dejado.
Seguíamos sin grabadora y sin tomar notas.
Mariló continuó contándome que había sido de su vida en estos años.

"Después de irme del colegio de huérfanos, mi madre y mi padrastro me enviaron a estudiar a Estados Unidos, allí cursé Diseño de Moda, al final los vestidos y diademas cursis que mi madre me enviaba despertaron mi curiosidad por aquel mundo.
Saqué mi primera colección con gran éxito, que me llevó a seguir trabajando y hacerme una diseñadora de renombre, seguro que conoces mi línea y que alguna vez has vestido alguna prenda mía sin saberlo.

Me afinqué en aquel país sin dejar de venir a España de vez en cuando, fue en una de esas visitas donde coincidí con quién ayer me dio esta tremenda familia.
Alguien a quién tu conoces, él es Mateo.
Nos encontramos una tarde por Madrid, él acababa de enterrar a su madre y tú le habías rechazado.
Me habló de ti durante horas, de tus éxitos como abogada y de como habías conseguido todos o casi todos tus objetivos.
Aquella noche decidimos darnos una oportunidad a pesar de los kms de distancia.
Así estuvimos algún tiempo, hasta que me propuso matrimonio.
Acepté su proposición no sé realmente sí era porque lo quería o porque en el fondo quería seguir haciéndote daño.
Nos casamos y trasladé casi todo mi trabajo aquí, al principio todo fue bien, pero cuando decidimos tener hijos y firmar una familia, comenzaron los problemas, después de varias pruebas y revisiones médicas, mis comunicaron que Mateo era estéril, a partir de ahí todo se complicó.
Mateo se volvió arisco y comenzó a beber, en ocasiones me levantaba la voz, pero no pasaba de unas vives aisladas, pagaba su frustración como hombre conmigo, hasta que una noche Mateo llegó bebido después de una cena con amigos, esa noche comenzó mi infierno, me dio mi primera paliza.
A la mañana siguiente, me pidió perdón y yo le perdoné, ese fue mi error.
Pronto se convirtieron en costumbre sus palizas, insultos y vejaciones.
Nunca le denuncié y siempre le perdoné.
Tal vez le quería más de lo que pensaba."

Mariló rompió a llorar y volvió a pedirme agua.
La abracé para hacerle saber cuanto sentía por lo había pasado y que a pesar de ser Mateo quién era su agresor, yo estaba vez no estaba de su lado, él era el malo y Mariló por primera vez estaba en el lado de los buenos.

Mariló, bebió agua, se incorporó y me pidió que sacara la grabadora y pidiera al policía que custodiaba su puerta que entrara en la habitación.

Mariló comenzó su declaración.

"Puedes encender la grabadora Marta.
Ayer llegó bebido como otras veces, me provocó para discutir conmigo, siempre lo había, así me pegaba sin sentir culpa, alegaba que yo le provocaba su ira.
Me dio tal paliza que hubo un momento en que casi perdí el conocimiento, conseguí llegar hasta la cocina arrastrándome por el suelo y poder resguardarme de sus golpes.
Aun estando tirada en el suelo continuó dándome patadas, hasta que en una de ellas, pude cogerle una pierna y tirarlo al suelo.
Mateo cayó dando con la cabeza en el suelo, quedando sin conocimiento.
Fue en ese momento cuando conseguí levantarme coger un cuchillo, y clavárselo varias veces hasta que comprobé que no respiraba.
"Puede ponerme las esposas sí quiere, soy una asesina."
Me recuperé de mis golpes, envolví el cuerpo de Mateo en varios sacos de basura y lo metí en el maletero del coche.
El corte de la garganta me lo hice yo misma.
Conduje hasta aquí, sabía que sería fácil que habilitarán un protocolo dada mi situación y que pondrían orden de busca y captura hacia mi agresor.
Mis remordimientos no me dejaban tranquila y quise confesar, pero quería tener a la mejor abogada de mi lado.
No necesitaba que me defendieras de Mateo, Marta, necesito que me defiendas de mi misma."

FIN 💚


jueves, 22 de junio de 2017

Las vueltas de la vida. CAPÍTULO III

Estaba tan ensimismada en mis recuerdos que no me di cuenta que Mariló estaba despertando.
Me acerqué a ella y le tomé la mano.

_Hola bonita, soy Marta he venido a ayudarte, siento tener que reencontrarme contigo en esta situación, ojalá lo hubiéramos hecho bailando._

Le sonreí, mientras ella intentaba decirme algo.

_Hola zanahoria, gracias por acudir a mi llamada, sólo tu puedes ayudarme.
Por cierto, te has abrochado las orejas._

Treinta años después volví a sentirme débil y vulnerable.
Aún postrada en una cama y pidiendo ayuda, era cruel.

Corregí mis orejas de soplillo con mi primer sueldo.
Tenía claro desde el
primer día de trabajo que sería lo primero que haría.
Era lo que necesitaba para sentirme completamente segura.
Lo demás, la vida se había encargado de compensar todo lo que me había quitado siendo una niña.
Intenté hacer caso omiso a las palabras de Mariló, y comencé a comportarme como abogada, no como una niña desprotegida.

Saqué mi grabadora del bolso y me preparé para escucharla.

_Mariló necesito que me cuentes todo lo ocurrido, sin ocultar nada, sólo así podré ayudarte.
Puedes estar tranquila, tu habitación está vigilada las 24 horas del día y se ha emitido una orden de detención para tu agresor._

Mariló me cogió de la mano e intentó incorporarse.

_Perdóname Marta, no quise ser impertinente.
Antes de comenzar a grabar, me gustaría contarte algo, sí puede ser._

Sonreí, indicando así a Mariló que estaba perdonada y guardé la grabadora en mi bolso.

_Gracias Marta, antes de nada me gustaría pedirte disculpas por ser tan cruel en aquellos años de colegio, por entonces yo sólo lo hacía como un juego, sin ser consciente del daño que podía estar haciéndote.
Era mi mecanismo de defensa y de soltar mi rabia y mi ira contra el mundo, no fui nunca una niña feliz, con la muerte de mi padre me sentí tan desprotegida, que comencé a protegerme sola ante el mundo.
Mi madre al igual que la tuya también estaba ausente, no por pena, no por tristeza, estaba demasiado ocupada en contarle al mundo que estaba de nuevo libre y que el único impedimento que tenía estaba interna en un colegio.

Los años, lejos de hacerme mejor persona, me fueron endureciendo y haciéndome cada vez más insensible, más dura.
Me volví fría y calculadora y quería cobrarle a la vida todo lo que me debía._"

Mariló me pidió un poco de agua, se le secaba la boca mientras hablaba y se sentía débil, le pedí que descansara.

_volveré más tarde, ahora descansa, seguiremos con la conversación en privado, cuando estés preparada para contarme lo sucedido, te escucharé y te ayudaré puedes estar segura._

Estaba a punto de cerrar la puerta tras de mi, cuando Mariló me pidió algo.

_¿podrías asegurarte de que mi coche está en el parking del hospital? Vine yo misma conduciendo.
Es un descapotable negro._

Asentí y cerré aquella puerta.
Bajé a la cafetería por las escaleras, necesitaba andar y mover mis piernas y no me apetecía encontrarme con nadie en el ascensor y mantener una de edad conversaciones ridículas.
Pedí un cortado y un donuts, mi cabeza regresó al internado.

"Llegaron las vacaciones de Semana Santa y Mateo había pedido a su madre que me invitara a pasar esos días con ellos, no hubo inconvenientes, mis abuelos habían dado el consentimiento, a mi madre ni siquiera se lo consultaron.
La mañana en que hice mi maleta para disfrutar de unos días lejos de allí, Mariló me la deshizo y esparció toda mi ropa por el pasillo del colegio, mientras yo desayunaba.
No lloré cuando vi lo que había hecho, no me enfadé, recogí mis cosas, cerré la maleta y cuando me iba le dije, 

_yo al menos tengo a donde ir_, 

con aquellas palabras ya le había hecho el suficiente daño como para que se diera cuenta, que ya le estaba perdiendo el miedo.

CONTINUARÁ...


miércoles, 21 de junio de 2017

Las vueltas de la vida, CAPÍTULO II

A mi cabeza volvieron recuerdos de aquellos años en el internado.

"Pasé mis primeros días entre lágrimas e intentando no saltarme ninguna de las normas, ni las del colegio y mucho menos las de Mariló.
Pronto me puso un mote, comenzó a llamarme "zanahoria", debido a mi cabello pelirrojo y rizado hasta la cintura, siempre lo llevada recogido en dos coletas o bien en una trenza.
En pocas semanas, casi nadie, por no decir nadie me llamaba por mi nombre y lo peor de todo, me acostumbré a responder cuando me llamaban "zanahoria".

Siempre fui algo tímida y muy vulnerable, la muerte de mi padre me hizo frágil.

Mariló por el contrario lucia media melena rubia lisa que siempre adornaba con diademas y lazos a juego con sus vestidos.
Su madre se encargaba de hacerle llegar cada poco tiempo nuevos modelos para lucir.
Ella al contrario que yo, se había crecido después de la muerte de su padre, aquel acontecimiento la hizo fuerte, yo diría que incluso cruel.
No se conformaba con llamarme "zanahoria", así que comenzó a ridiculizarme delante de mis compañeros debido a mis orejas de soplillo, que se volvían centro de atención cada día en clase.

_Marta cariño, abróchate las orejas, no me dejan ver lo que escribe el profesor en el encerado._

Solía decirme día tras día.
En los días de viento le echaba las culpas a mis orejas, diciendo que estaban en movimiento.

Aquel colegio comenzaba a convertirse en un auténtico castigo.
Así que me refugié en mis estudios, quería ser abogada para defender a los buenos de los malos.

Me busqué un lugar donde refugiarme o debería decir donde esconderme.
Detrás del pabellón de los mayores encontré un pequeño jardín que utilizaba para estudiar, más de una noche me quedé allí dormida.
Una mañana Mateo, "mi hermano mayor" me encontró acurrucada en el único banco que había en aquel jardín.

_Marta, ¿qué haces aquí pequeña?_

Me levanté sobresaltada y me abracé a él llorando sin consuelo.
Le conté todo lo que me estaba ocurriendo y como me hacia sentir mi compañera de habitación.

Me abrazó tan fuerte que por un momento pensé que era mi padre quién me daba aquel abrazo.
Me cogió en brazos y me llevó hasta mi cuarto.

_Duchate, cámbiate de ropa y baja a desayunar, después del desayuno te acompañaré a ver al director, vamos a contarle todo lo que está ocurriendo._

Le conté al director todo lo que estaba viviendo, los insultos, el acoso y las reglas a seguir dentro de la habitación.
Lejos de ayudarme se limitó a murmurar que eran cosas de niñas.
Semanas más tarde descubrí que Mariló era su sobrina.

Seguí con mi particular infierno esperando alguna llamada para preguntar que tal estaba.
De mis abuelos no había vuelto a saber nada desde el día que me dejaron en el colegio.
De mamá de vez en cuando recibía una corta carta, que ni siquiera escribía ella.
En todas decía lo mismo, "te quiero pequeña, algún día volveremos a estar juntas."

Alguien se fue de la lengua y le contó a Mariló que había visitado al director, aquella visita empeoró mi situación ante ella, aquel día después de terminar las clases de la tarde no me dejo entrar en la habitación, había trancado la puerta con una silla.
Me senté en el pasillo esperando a que aquella broma de mal gusto pasara pronto, me dejó allí sentada hasta la mañana siguiente.
Mañana en la que ya sabía toda la clase que había sido una chivata y una niña cobarde por contarle todo a Mateo y al director.

Desde que le conté a Mateo todo lo que me estaba ocurriendo, pasaba a verme cada día, siempre con alguna palabra amable y con abrazos y besos para consolarme.

Unos días antes de las vacaciones de Semana Santa, Mateo me preguntó que sí me iría a casa, le respondí que nadie había vuelto a preocuparse por mi desde enero.

_Lo solucionaremos, no te preocupes._"

CONTINUARA...

martes, 20 de junio de 2017

"Las vueltas de la vida" CAPÍTULO I

_ Hola Marta, sé que es la tarde de visita a tu madre, pero debia notificarte, que sobre tu mesa, he dejado un expediente nuevo.
Ha entrado a primera hora de la tarde, violencia de género con intento de asesinato.
La víctima está hospitalizada, ha pedido que seas tu quién lleve su defensa.
Sí quieres puedo acercártelo a casa cuando salga de trabajar, sabes que me coge de camino. _

_Gracias Natalia, no es necesario, yo misma pasaré a recogerlo, para echarle un vistazo esta noche, nos vemos mañana, ¿qué haría yo sin ti?_

Colgué el teléfono y me despedí de mamá hasta la semana próxima.
El exceso de responsabilidad en mi trabajo y la curiosidad de saber quién había buscado mi defensa me pudo más que él seguir sentada frente a mi madre viendo como el paso de los años y la pena la iban consumiendo cada día más deprisa.

Aparqué el coche en doble fila con las luces de emergencia puestas, justo delante de la puerta del bufete, subí las escaleras de dos en dos, como cuando era una niña y recogí el expediente para leerlo en casa y estar al día de todo para la visita a mi cliente a la mañana siguiente.

Llegué a casa, me di una ducha para refrescarme y quitarme el olor que siempre que visitaba a mamá en aquella residencia, creía traer impregnado en mi ropa y en mi piel.
Me preparé un té helado y me dispuse a leer la documentación de mi nuevo caso.

Me encontré con multitud de fotografías de una mujer aproximadamente de mi edad, con la cara desfigurada por los golpes y con un corte no muy profundo en su garganta, lo que me indicaba que su agresor había intentado degollarla sin éxito.
El nombre de la víctima me resultó familiar, pero no sabía de que, por lo que seguí leyendo toda la documentación.

No era la primera vez que la víctima sufría agresiones, pero nunca había interpuesto denuncia.
Esta vez fue el hospital quién habilitó todo el protocolo para llevar a cabo la denuncia.
Del agresor no había ni rastro, la policía había interpuesto una orden de busca y captura.

Me desperté sobresaltada en el sofá, antes de que amaneciera, entre fotografías y papeles y recordando un nombre "Mariló".

Era ella mi víctima, la que había pedido que la defendiera era Mariló, María Dolores Vilanova Fernández.
Recordé aquel nombre repasando la lista que cada mañana a primera hora pasaban en el colegio.

Me duché, me vestí y me dirigí al hospital para visitar a mi defendida.
Mientras intentaba que los recuerdos de aquellos años de colegio no me bloquearan. Olvidar aquellos años me habían costado años de terapia y mucho dinero.

"Me crié en un colegio de huérfanos de la Guardia Civil, llegué a él con nueve años, después de perder a mi padre en manos de ETA en uno de sus terribles atentados.
Mi madre cayó en una profunda depresión y pena, que no le permitían seguir haciéndose cargo de mi, por lo que mis abuelos paternos me internaban en aquel colegio, al mismo tiempo que ingresaban a mamá en una clínica psiquiátrica.

Llegaba con miedo, desconfianza y sin entender nada.
No entendía porque a mi padre lo habían matado los malos, no entendía porque mamá ya no me quería, no entendía porque tenía que ir a un lugar que no conocía y que sin conocerlo sabía que no me iba a gustar.

Mi llegada al colegio fue una mañana fría y lluviosa de enero, después de las Navidades más tristes que recuerdo, no hubo celebraciones, no hubo risas ni villancicos y los Reyes Magos se olvidaron de pasar por casa.
Llegué con los ojos hinchados de llorar al despedirme de mamá, acompañada de mis abuelos.
El director de aquel colegio nos recibió en su sobrio despacho, me dio la bienvenida y una hoja de papel escrita a máquina con las estrictas normas a seguir.
Un joven llamó a la puerta del despecho, entró me tendió su mano, cogió mi pequeña maleta y me acompañó a la que desde entonces sería mi nueva habitación.

_Ahora están en clase Marta, pero a la hora de la comida podrás conocer a tus nuevos compañeros, te presentaré a Mariló tu compañera de litera, estoy seguro que seréis buenas amigas._

Me dejó en un cuarto amueblado en colores grises, con una litera, dos mesas de estudio y dos pequeños armarios.
Coloqué mi ropa en el que estaba vacío y puse mi cartera con todos mis libros y cuadernos sobre la silla de uno de los escritorios.
Me senté en la cama de abajo de la litera y rompí a llorar, no lo había hecho desde que mi padre fue asesinado, no me habían salido las lágrimas, ni obligándome a hacerlo conseguí llorar el día de su funeral.
Aquel día sólo sentía rencor y dolor mucho dolor.

Mientras lloraba sin poder ni querer contener aquel llanto, me prometí a mi misma y le prometí a mi padre que sería fuerte.
Mi llanto y mis promesas se vieron interrumpidos por una voz chillona entrando en el cuarto.

_Hola soy Mariló, tu compañera de cuarto, has llegado la última así que tendrás que acatar mis normas.
Primero de todo, estas sentada sobre mi cama, tu duermes arriba.
Segundo, has dejado tu cartera en mi silla de estudio, tu mesa es la otra, la que está mirando a la pared, por cierto tendrás que poner un flexo para estudiar, no hay buena luz en ese lado de la habitación.
Y tercero y último, bienvenida, ¿por cierto como te llamas?_

Me limité a responder:

_Marta_

Sin mirarle y sin decir nada más, me levanté como un muelle de aquella cama, retiré mi cartera de su escritorio y marqué mi pequeño territorio con mis lápices y cuadernos desplegados sobre la mesa.

Bajé sola al comedor siguiendo los carteles que indicaban la dirección, cogí mi bandeja y me puse en la fila para que me sirvieran el almuerzo.
Me senté en la esquina de una mesa, cerca de la puerta del comedor.
Iba a comenzar a degustar mi primera comida en aquel lugar, cuando aquella voz chillona volvió a retumbar en mis oídos.

_Marta, estas sentada en mi sitio, por hoy te dejo, pero a partir de mañana, deberás ocupar la silla que hay frente a mi, hoy seré yo quién se siente en ella._

Después de comer, comenzaban las clases de la tarde, el joven que me acompañó por la mañana hasta mi habitación, me esperaba para acompañarme hasta mi aula, me dejó junto a la puerta.

_Esta es tu clase Marta, bienvenida. Cualquier cosa que necesites, sólo tienes que decírmelo, seré una especie de hermano mayor. Sólo tienes que comunicárselo al director, él me lo hará saber. 
Yo estoy en el pabellón de los mayores._

Entré en aquel aula fría también de color gris como mi cuarto.
Esperé de pie a que todos se sentarán, no quería ocupar el asiento de ninguno de mis nuevos compañeros, ni buscarme más problemas, por aquel día había tenido suficiente con Mariló.
Cuando ya estaban todos sentados, ocupé una mesa en la segunda fila, justo delante de Mariló.
El profesor me presentó a mis compañeros y me dio la bienvenida.
Todos teníamos historias diferentes, pero todos teníamos algo en común, ninguno teníamos padre.
Algunos no tenían ni siquiera madre, yo la tenía, pero no estaba, ella también se fue a su manera el día que mataron a mi padre."

Con esos pensamientos llegué hasta el hospital.
Me identifiqué como la abogada de Maria Dolores ante el
policía que custodiaba su habitación.
Al entrar me encontré a una Mariló con la cara casi deformada por los golpes, ya no era aquella niña prepotente y cursi e incluso a veces desagradable, era una muñeca de porcelana rota.

Me acerqué hasta su cama para hacerle saber que estaba allí, pero los efectos de los calmantes y sedantes la tenían aún dormida.
No la desperté, me senté junto a ella a esperar que despertara.

CONTINUARA...






miércoles, 14 de junio de 2017

La corona que perdió una princesa.

Nací siendo un error, en casa esperaban un varón, después de seis hembras.
Esperaban a quién debía ser el futuro rey, pero llegué yo, para la desdicha de palacio y del pueblo, que de un modo u otro también se sentía defraudado.

En mis primeros años de infancia, recibí la misma educación que mis hermanas mayores, pero nunca me interesó demasiado el tema de vestidos y buenas maneras, siempre fui una pequeña fiera a la que no conseguían domar.

No era extraño verme en las caballerizas junto a los empleados cepillando caballos y limpiando las cuadras, siempre vestida como uno de ellos, con botas de montar, pantalones y unos tirantes para sujetarlos que en algún momento había robado a mi padre.

Me gustaba salir a cazar con los hombres a caballo y montando al animal como uno más, nunca tuve interés en aprender a montar como una señorita, a mi me gustaba galopar montada a horcajadas.

Me gustaba acompañar a papá en todo lo que hacia, yo no quería ser una princesa como mis hermanas, ni reina como mamá, yo quería ser rey como papá.

Así fui cumpliendo años hasta llegar a mi mayoría de edad y mi presentación en sociedad.
Aquella noche debería llevar un vestido propio para la ocasión, guantes hasta el codo y un recogido en mi largo cabello adornado con una corona.
Meses de preparación para algo que yo no estaba preparada.

Así que preparé mi propio plan.
No con idea de dejar en ridículo a toda mi familia, pero sí dejar claro que lugar quería tener en ella.

Me corté mi larga trenza esa que durante años me había acompañado, limpié mis botas de montar, escupiendo en ellas y cepillándolas a conciencia, como me habían enseñado los chicos en las cuadras.

Planché aquel pantalón que tanto me gustaba y mi camisa favorita, esa que necesitaba remangar porque la había heredado del capataz.
Estuve escondida toda la tarde para que nadie pudiera encontrarme y obligarme a vestirme para aquella pantomima.

Llegada la hora, me vestí a mi modo, me coloqué mis tirantes y bajé aquellas escaleras para mi presentación.
Ante caras de asombro, susurros en voz baja y algún que otro grito de expectación, mi padre anunció mi mayoría de edad.
Me tomó de la mano para abrir aquel baile, me sonrió, besó mi mejilla y me confesó que siempre había sido su favorita.

Aquella noche mi corona, perdió a una princesa, pero la princesa había encontrado su lugar.

"A veces las coronas, pierden princesas, porque no todas las princesas quieren ser princesas ni llevar coronas."


lunes, 12 de junio de 2017

Te esperé

Te esperé como siempre lo hice, sentada en el último escalón hasta tu corazón.

Te esperé, mientras veía como abrías y cerrabas tú puerta, viendo entrar y salir sentimientos, viendo como entrabas, como salías, como la cerrabas tras de ti y nunca tras de mi.

Te esperé entre tus ahora sí y tus ahora no.

Te esperé mientras disimulabas para no verme.

Te esperé hasta que alguien vino a buscarme, con un ahora tú y nadie más.


jueves, 8 de junio de 2017

Llega una a esa edad.

Llega una a esa edad en que decide ponerse el mundo por montera, o sencillamente llegas a esa edad en que todo o casi todo te importa un pimiento.

Estoy en esa edad en la que me cansé de las excusas, de ir a lugares donde no me apetece, de estar con quién no quiero estar, me cansé de los quiero y no puedo y de los puedo pero no quiero.

Estoy en esa edad, en la que ya no me callo los te quiero,  ni tampoco los te echo de menos, los digo y espero a ver que pasa, por que estoy en esa edad, que ya no me dejo llevar por la cordura del cerebro, me dejo llevar por la cordura del corazón y ¿sabéis por qué? Porqué al final el corazón siempre es el que mejores consejos te da, te libra de lo malo y te empuja a lo bueno y a lo mejor.

Estoy en esa edad en la que realmente comienzo a disfrutar, en la que sí me caigo me levanto, que sí me quieres ayudar acepto tu mano, pero sí me pones la zancadilla salto.

Estoy en esa edad en la que sí quieres ser compañero de viaje te acepto, pero sí te bajas del tren no te rogaré que vuelvas a subir, no elijo compañeros que se unan a mi viaje, elijo viajes para que se unan compañeros, aunque a veces viajar sola no es tan malo.

Estoy en esa edad que a veces no me soporto, pero tampoco pido que me soporten.

Estoy en esa edad de rebeldía que la madurez me está regalando.


lunes, 5 de junio de 2017

Enamórate de la vida.

Enamórate de la vida, de todo lo que está por venir, de los reencuentros, las oportunidades, de todo lo que te hace feliz y sobre todo de quién te hace feliz.
Dale prioridad a quién hace esfuerzos para que te quedes, en lugar de los que hacen que te alejes.

No tires la toalla cuando todo de ponga mal o cuando no sepas que camino tomar.

Piensa en ti y échale valor a las decisiones que tomes y no dudes de todo.

Así que al lío, siéntate con quién te tengas que sentar y habla de lo difícil, de lo fácil, de las penas, alegrías, de risas y llantos, pero ríete, con una sonrisa todo se ve mejor. 

Sé amable, sé honesto, pero también sé claro, no uses medias tintas, no pierdas el tiempo con medios días habiendo días enteros.

Nada puede ser ni será, como un día fue, ahora todo es y será diferente, pero haz que todo esto te haga sentir más vivo que nunca.

No intentes controlar tus sentimientos, deja que fluyan, no es malo sentir, no es malo volver a creer y sobre todo no es malo querer salir y dejar atrás todo aquello que te hizo daño una vez.

Al fin y al cabo, es tú vida, es tú momento y tienes ganas de vivir.

Disfruta, viaja, conoce, propónte metas, escápate, a donde sea, con quién sea, pero invierte tu tiempo en todo aquello que te haga crecer, en todo aquello que te haga vivir.


viernes, 2 de junio de 2017

Siempre

Unos días más, otros días menos, pero te voy a querer siempre.
Te querré más en los días que mire mis manos y me de cuenta que me faltan las tuyas, esos días prometo quererte como sí nunca lo hubiera hecho.
Te querré menos en los días que te busque y no te encuentre.
Te querré siempre, mucho más en los días que no me pidas que lo haga, porque esos días en los que no me pides nada, es cuando más necesitas que te quiera.
Te querré menos en las noches eternas sin ti a mi lado, porque esas noches es cuando más perdida me siento.
Te querré siempre me lo pidas o no, me quieras o no, unos días más, otros días menos y aunque creas que siempre es demasiado, te querré siempre.



miércoles, 31 de mayo de 2017

La vida me debe una vida contigo.

La vida me debe noches contigo, de esas de abrazos y besos eternos, de risas y de ganas de no dormir para no perdernos ni una sola mirada, ni una sola caricia.

La vida me debe días de no hacer nada contigo, pero que significan hacerlo todo.

Días de sofá, de pelis y palomitas, días de paseos infinitos a ningún lugar, cogidos de la mano y de carcajadas sin saber porqué.

La vida me debe tardes de mirarte eternamente y no cansarme de hacerlo, porque podría estar mirándote toda la vida y quedarme con ganas de mirarte más.

La vida me debe toda una vida contigo. 


No hay edad


No hay edad para nada, por que nada tiene edad.

Ni el amor, ni las ganas de divertirse, de reír, de llorar, de sentir y de miles de cosas.

No hay edad, por que que lo único que debe haber son ganas de sentir, de hacer cosas, de empezar, de levantarse, de seguir adelante a pesar de las dificultades, de vivir.

No hay edad, no hay tiempo, no hay nada, sólo  el aquí y el ahora, por que el allí queda lejos, el ayer ya no existe y el mañana..., ay el mañana queda tan lejos y tan cerca a la vez.


martes, 30 de mayo de 2017

VIVIR..., sin remordimientos.


Deja de esperar al futuro, deja de esperar lo que viene.
Empieza a gastar menos tiempo pensando y planificando que harás.

Haz y siente, pero deja de dudar de ti mismo, a veces sólo se trata de actuar, sin preguntas, sin cuestiones.

Arriésgate sí es necesario, pero no te quedes con la duda, de que hubiera pasado.

No te compares con nadie, no busques respuestas en todo, pero sobre todo no busques excusas.

Se fiel a tus experiencias pasadas y sí has pasado por algo, no repitas errores.

No te ajustes, ni te acoples a los demás, vive un poco joder, aquí y ahora, el presente; porque el pasado se fue y el futuro, ese ya vendrá.

Acepta que no puedes controlarlo todo, sacrifica lo que puedas dejar ir y sólo así podrás lograr lo que quieres.

Tú y sólo tú tienes el poder de deshacerte de lo que ya no vale, de lo que no funciona, tienes el poder de destruir muchas cosas y de reconstruir otra vez lo que merece la pena.

Tú tienes el poder de cambiar la historia de tu vida, pero deja de arrepentirte de todo, sí haces algo nuevo ve a muerte, para bien o para mal, pero ve, es tú decisión, pero por favor, sin remordimientos.


domingo, 28 de mayo de 2017

Cuando nos conocimos...

Cuando nos conocimos no sabíamos que nuestra vida estaría llena de casualidades, de encuentros y despedidas, de amores y desamores, de te quiero y te odio.

No sabíamos que tendríamos que querer a otros o creímos quererlos, para saber cuanto nos queríamos nosotros.

Cuando nos conocimos no sabíamos que nuestras vidas se cruzarían cientos de veces y volverían a separarse, no sabíamos que la vida y el destino jugarían con nosotros o tal vez nosotros con ellos.

No sabíamos que tendríamos que encontrarnos para reencontrarnos y después perdernos, no sabíamos que en cada cruce había un nuevo adiós.

Cuando nos conocimos no sabíamos que por mucho que nos empeñáramos siempre habría un vínculo, de esos que unas veces se estiran para alejarnos y otras se encogen para acercarnos.

Cuando nos conocimos no sabíamos que en ese momento y sin querer(nos), habíamos conocido al amor de nuestra vida.


martes, 23 de mayo de 2017

LA HIJA DEL ENTERRADOR

Nací en pequeño pueblo, donde mi padre era el enterrador. Vivíamos en una humilde casa a la entrada del cementerio.
No tuve hermanos y tampoco amigos, el trabajo de mi padre no facilitaba las relaciones a una niña, vivir en el cementerio, mucho menos.

Así que pronto me acostumbré a jugar a solas y a tener amigos imaginarios, muchos de ellos enterrados en el cementerio, mi lugar de juegos. No era extraño verme sentada frente a alguna de las tumbas, hablando con sus muertos.

Al ser un pueblo pequeño, los entierros no eran muy habituales, por lo que mi padre además se encargaba de mantener aquel lugar lo más decente posible. 
El día que fallecía alguien era casi un acontecimiento social, eran pocos o ninguno los que faltaban al velatorio del difunto y más tarde a su entierro y funeral.

Con la llegada del buen tiempo, hacia las tareas de la escuela junto a la tumba de Doña Manolita, la antigua maestra del pueblo. Estaba convencida que ella me ayudaba a terminar mis tareas con éxito.
Además algunas tardes, le leía algún que otro poema de esos poetas que tanto le gustaban, unos días a Miguel Hernández, otros a Rafael Alberti y otros poetas de la llamada Generación del 27.
Mis lecturas a Doña Manolita, dependían de si podía coger o no los libros del desván, mi padre los tenía guardados en un baúl cerrado bajo llave, siempre pensé que debían ser muy valiosos e importantes, tanto o más que el dinero, era lo otro que guardaba bajo llave.

Mi padre no sabía que yo no conocía la existencia de aquel baúl, lo encontré por casualidad, un día de lluvia jugando en el desván.

Fue Don Críspulo, el maestro del pueblo, quien me dijo que debía tener cuidado con aquellos libros y que nadie debía saber que los teníamos.

Por aquel entonces no entendía el porqué de mantener ese secreto, con lo bonito que escribían. Pero yo por sí acaso llevaba siempre aquellos libros guardados a buen recaudo en una bolsa que mamá me hizo para llevar mis libros y cuadernos a la escuela.
Nadie sabía que llevaba en ella cuando paseaba por el cementerio, sólo mis muertos y yo; y los muertos que todos sepamos no hablan y tampoco ven, por lo que mi secreto estaba a salvo.

Los sábados por la mañana recogía algunas flores en el campo y preparaba un ramo para la tumba de Don Frasco, él fue el médico del pueblo hasta que una indigestión lo mató una tarde, después de un día de caza.
El pobre hombre sobrevivió a una guerra y lo mató un dolor de estómago.

Murió solo, nunca se casó y no se le conoció familia, así que desde que mi padre me contó su historia, me comprometí a mantener siempre su tumba limpia y con flores.

Don Frasco fue el médico que me trajo al mundo, además mi padrino de bautizo; me bautizaron nada más nacer, no tenían demasiadas esperanzas puestas en mi supervivencia, debido a una insuficiencia respiratoria.
Me llamaron Milagros, años después sigo haciendo honor a mi nombre, aunque mis padres siempre me llamaron Milagritos y en el pueblo me conocían como la hija del enterrador.

Cuando terminaba de limpiar y colocar las flores en la tumba de Don Frasco, me sentabajunto a ella y le dedicaba unos minutos de oración, fue un hombre religioso y no faltó nunca a su misa diaria.
Después le leia a Federico García Lorca, unas veces fragmentos de "Yedra",otras veces poemas de "Poeta en Nueva York", aunque su favorita, siempre fue "La Casa de Bernarda Alba."

Pero si había una tumba especial para mi, era la de mi madre, se llamaba Esperanza y una mala gripe se la llevó cuando yo apenas había cumplido los diez años, para entonces ya me había contagiado la pasión por la lectura.
Su tumba estaba cerca de casa, en el suelo y rodeada por una valla de madera pintada de color blanco, que papá hizo con sus manos entre sudor y lágrimas; mamá siempre quiso una casa en el campo con vallas blancas.

El día de su entierro llovía tanto que parecía que el cielo también lloraba su pérdida, pero papá hizo su trabajo con gran entereza, enterró al amor de su vida, entre lágrimas, sudor y barro.

Nunca volví a ver a mi padre llorar, hasta una mañana, cuando se llevaron a Don Críspulo en un carro junto a otros hombres, entre ellos el barbero, el pobre hombre había enterrado a Jacinta su mujer, dos semanas antes dejando a tres hijos de corta de edad.

A mamá le leía "Mujercitas" lo dejamos a medias el día que murió, nos gustaba leerlo juntas. Mamá leía y yo escuchaba hasta que me quedaba dormida, entonces mamá me arropaba hasta la barbilla y se marchaba para dejarme descansar.
Ella me enseñó a amar la lectura y me descubrió mundos maravillosos a través de ella. Pero nunca me habló de los libros escondidos en el desván.
La tumba de mamá la visitaba a diario, le contaba mi día a día, con mi padre apenas hablaba, desde que ella murió se volvió un hombre huraño y triste, ese fue otro de los motivos por el que me refugié en el cementerio y sus muertos.

A los dos dos días de llevarse a Don Críspulo y a los otros hombres, trajeron al cementerio el mismo carro donde se los llevaron con varios bultos al anochecer, mi padre salió de casa con la cabeza baja y con lágrimas en los ojos, una vez más lo veía llorar.
Lo vi cavar un hoyo lejos del resto de tumbas y echar en él aquellos bultos, pasada la media noche terminó de tapar aquel hoyo, entonces se arrodilló y rezó, era la primera vez que veía a mi padre rezar.

A la mañana siguiente papá rompió su silencio y me contó lo ocurrido con Don Críspulo.
Alguien le había acusado de tener unos libros que no debía y aquello le había costado la vida.

Algo me decía que debía subir al desván, corrí hasta él, allí descubrí el baúl abierto y vacío.

             -No los busques Milagritos, esos libros que buscas son los que le costaron la vida al maestro. Vino a buscarlos para que los encontraran en su casa y así salvarte de que quedaras huérfana.-

Aquel día Don Críspulo me dio la mejor lección de mi vida, aún fuera de la escuela había sido mi mejor maestro.

Esa mañana me senté junto a aquel hoyo recién tapado la noche anterior y hablé durante horas con Don Críspulo, le prometí cuidar de aquel montón de arena y leerle siempre que me fuera posible.
Después regresé al desván a mirar aquel baúl vacío, así descubrí una pequeña ranura, metí mis dedos en ella y tiré hacia arriba de una tabla que parecía hacer de fondo; bajo ella encontré algunos paquetes envueltos en papel de periódico.
Los abrí uno a uno como quien abre un regalo de Navidad o de cumpleaños.
Así fui descubriendo algunos tesoros.

El primero fue un libro del que Don Críspulo me había hablado en muchas ocasiones, "La Regenta", siempre me decía que algún día podría  leer esa maravilla de la literatura.
Entonces pensé que aquella sería mi lectura con él, con quien había sido mi maestro, siempre a escondidas y en el momento adecuado.

El segundo paquete me descubrió a Pepita Jiménez de Juan Valera, en cuyo interior había una dedicatoria dirigida a mamá , de alguien que firmaba con dos iniciales, G.S.
Hojeé rápidamente el libro y entre sus páginas encontré unas cartas dirigidas a mi madre, cuyo remitente eran las mismas iniciales misteriosas de la dedicatoria.
Pasé el resto del día leyendo aquel libro y pensando en aquellas iniciales, cuanto más pensaba en ellas menos familiares me resultaban.
Envolví de nuevo los libros en el papel de periódico y los dejé en el lugar donde los había encontrado, pero las cartas me las llevé conmigo.
Nunca le conté a mi padre mi nuevo descubrimiento.

Al día siguiente, al terminar mis tareas en casa, salí a visitar a mis muertos, desde hacia unos días mi lista había aumentado.
Les conté a mamá, a doña Manolita y a don Frasco lo ocurrido con Don Críspulo y el barbero.
Hasta llegar a donde estos últimos estaban enterrados, había un buen trecho, fue así como descubrí una tumba en la que apenas había reparado antes, tenía flores frescas, Ginés Sánchez, un joven sacerdote que estuvo en el pueblo apenas unos meses después de salir del seminario, una peritonítis lo mató en pocas horas.
Aquel nombre coincidía con las iniciales de las cartas a mi madre y la dedicatoria del libro.
Tentada estuve de darme la vuelta y correr hacia casa, pero le debía mi visita a Don Críspulo y además tenía que contarle mi descubrimiento.

Me senté junto a aquel montón de arena y le conté lo de mis libros nuevos y las cartas, le prometí volver pronto, le pedí disculpas por tan rápida visita y me marché, la curiosidad me estaba matando.

Al llegar a casa mi padre me esperaba para cenar, apenas hablaba y después de lo ocurrido días atrás estaba aún más triste y callado que de costumbre, aunque reconozco que conmigo nunca tuvo apenas muestras de cariño.
Aquella misma noche comencé a leer las cartas encontradas en el desván.

Mi madre se carteaba con el joven cura desde que este cursaba estudios en el seminario, por lo que pude intuir, eran familia lejana, mis abuelos y los padres de Gines eran primos; él al marcharse del pueblo comenzó correspondencia con mi madre.
Poco a poco fui descubriendo en aquellas cartas una historia de amor prohibida, los dos jóvenes estaban enamorados, pero sus familias se oponían a su amor, no precisamente por su parentesco lejano, si no por el enfrentamiento de unas lindes de tierra.
Así Gines fue enviado al seminario y mi madre se casó con mi padre obligada por mis abuelos.
Mi padre siendo mucho mayor que ella asintió a su matrimonio, siempre la había querido.

Entonces entendí el porqué de aquel libro dedicado, en el fondo se sentían identificados con aquella historia que Juan Valera contaba en sus páginas.
Aquellas cartas continuaron aún estando mi madre ya casada.

La última carta tenía fecha de una semana antes de la llegada de Gines al pueblo como sacerdote, así se lo hacía saber a mi madre en ella.

Quise pensar que  con esa última carta terminaba aquel amor prohibido y que no había sido más que un acto de rebeldía de dos jóvenes que creían estar enamorados.

Fue a los pocos días, cuando regresé a la tumba de mi maestro con "La Regenta", cuando encontré en aquel libro un sobré cuyo remitente esta vez era mi madre.
Me senté y lo abrí con miedo, pero sobre todo expectación, en él encontré una carta escrita por mi madre con su exquisita y esmerada ortografía.

               "Mi amado Gines, es mi deber decirte que me encuentro en estado de buena esperanza y que me temo que el hijo que espero es tuyo.
Aún no me he atrevido a anunciarle a mi marido el estado en el que me encuentro, pero me temo que no puedo ni debo ocultarle por más tiempo esta noticia.
Espero que mi secreto esté a salvo contigo.
                                      Siempre tuya, Esperanza."

Con aquella carta fechada un día antes de la muerte del sacerdote, descubrí que no era la hija del enterrador, si no la hija del cura.
Y que aquel hombre murió sin saber que yo iba a nacer, siendo el fruto de su amor con mi madre.
Una hija que perdió a su madre y creció junto a un hombre que no era su padre, un hombre que sabía o intuía que yo no era suya.



domingo, 21 de mayo de 2017

Nunca es tarde....

Dicen que nunca es tarde sí la dicha es buena.


Pues más vale tarde que nunca, para ver al grupo con el que has crecido, te has enamorado, te has desengañado y te han acompañado en días de alegrías y penas.

Ayer 20 de mayo y 32 años después de su primer disco, pude disfrutar de ellos, de ellos de los Hombres G en Cáceres, en mi ciudad.


Una cuando llega a una edad, disfruta todo de otro modo, desde la madurez todo tiene otro matiz.
Pero ayer regresé a mis 15 años, a esos años de emociones a flor de piel y adrenalina desbordada.
Canté todas y cada una de las canciones como sí no hubiera un mañana, cuando ponía mis discos de vinilo en casa, soñando con sus conciertos y aprendiendome todas las letras.


Reconozco que desde que hicieron el anuncio de su actuación aquí, los días fueron diferentes, me he levantado cada mañana escuchando todas sus canciones, no quería olvidar ni una sola letra.

Desde aquí, desde este humilde blog, gracias por hacernos soñar una vez más.
Gracias por regalarnos una maravillosa e inolvidable noche, no dejéis de cantar nunca, no dejéis de hacernos soñar. 
Gracias por tanto, sois y seréis eternos.


miércoles, 17 de mayo de 2017

No nos hacemos viejos, nos hacemos sabios.

El día que cumplí los cuarenta, todos se empeñaban en repetirme que tenía que pasar por una crisis, al parecer es obligatorio pasar por una al cumplir esa edad.

Lejos de plantearme una, me di cuenta que sencillamente cumplía una etapa de mi vida y comenzaba otra, comenzaba la segunda mitad de mi vida, según parece tenemos una media de vida de unos ochenta años.

Estoy a punto de cumplir alguno más de los cuarenta y debo decir que aún no he pasado por la temida crisis, créanme sí les digo que lo pase peor el día que cumplí los dieciocho, ese día en que piensas que vas a comerte el mundo y te das cuenta que el mundo no se come.

Es cierto que a partir de los cuarenta he vivido situaciones muy intensas, una ruptura amorosa que marcó un ante y un después, un despido laboral, un cambio de ciudad, el darme cuenta que el amor de mi vida sigue siendo el mismo, regresar a mi ciudad y hacer realidad un sueño, publicar mi primer libro.
Ah y correr medias maratones, algo que con veinte años jamás me plantee.

A partir de esa edad he aprendido a valorar y disfrutar mucho más todo lo que hago y por supuesto lo que tengo.

Mi familia, una familia pequeña pero muy unida, sigo teniendo a mis padres conmigo, sólo con eso ya soy feliz cada día.

Mis amigos, pocos pero bien avenidos, esos que siempre están en las duras y en las maduras, de los que sí hay que reír se ríe y sí hay que llorar se llora, de ellos he aprendido grandes lecciones.

Disfruto de pequeños placeres, un café en buena compañía y a veces en solitario, hace unos años me horrorizaba entrar sola en una cafetería, los años me han ayudado a superar miedos, también me han traído otros.

Una tarde de domingo, de esas de sofá y un buen libro, de una mediodía de vinos con los amigos que se alargan hasta altas horas de las tardes.

Y de mis paseos en soledad, reconozco que he aprendido a tener momentos para mi, de soledad elegida me gusta salir a pasear en solitario, unas veces con música otras sin ella, pero siempre dispuesta a conocerme un poco más, porque lo crean o no, aún me sigo conociendo, ¿no les ha pasado que en ocasiones nos preocupamos por conocer a los demás, cuando nosotros mismos somos unos grandes desconocidos?

Pues eso, que a unos días de estar más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, voy a cumplir cuarenta y seis, vivo de otro modo, ni mejor ni peor, pero sí veo la vida desde otra perspectiva, que no sé sí es cierto eso que dicen que las mujeres somos como el buen vino, que mejoramos con los años, en cierto modo me da igual, que me quiten lo bailao.

Yo llevo unos días recordándome una frase que me encontré hace unas semanas en una furgoneta, "No nos hacemos viejos, nos hacemos sabios."


martes, 16 de mayo de 2017

El don

Tus te quiero tienen el don de calmarme, de hacer que me sienta tranquila, que mis dudas se conviertan en seguridades.

Tus mirada tienen el don de hacerme especial, de sentirme como en casa en tus ojos.

Tus labios tienen el don de hacer que me estremezca en cada uno de tus besos y me acomode en tus sonrisas.

Tú tienes el don de encontrarme cada vez que me siento perdida.


Desgarradora carta

Siempre he sido una gran admiradora de Virginia Woolf, escritora de cabecera desde que comencé mi pasión por la lectura y la escritura.

Hoy después de leer no sé por cuantas veces "Una habitación propia" y de ver la película "Las horas".

He buscado esta carta que Virginia le escribió a Leonard, su marido, poco antes de lanzarse al río para suicidarse.

Os dejo una foto de la carta original y su traducción.

"Querido:

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V."



(Carta de Virginia Woolf, a su marido Leonard, justo antes de  ahogarse en el río).

domingo, 14 de mayo de 2017

Noches sin ti...

Me gustan las noches en las que apenas duermo, porque significan que te pienso más.

 Me gustan las noches de insomnio, con medias sonrisas en la cara, recordando sonrisas completas.

Me gustan esas noches sin ti, porque incluso en esas te siento cerca de mi.
Y es que me gusta todo aquello que tiene que ver contigo.

Porque incluso cuando no estás..., estás.



Cielos de una mañana de domingo

Hoy he vuelto a mis andadas.
Me he pasado más tiempo mirando al cielo que al suelo, últimamente ando demasiado por las nubes, no se sí en un intento de huir de la monotonía o simplemente porque me he cansado o aburrido de ver siempre los mismos suelos.

Estos son mis cielos de hoy...
Un paseo por las nubes y los cielos de Cáceres...











sábado, 13 de mayo de 2017

Nubes

Siempre he tenido debilidad por el cielo y sus nubes hoy os dejo una selección de fotos de los últimos días en los cielos de Cáceres. A veces la naturaleza nos ofrece imagenes maravillosas que merece la pena captar con una camara de fotos y compartir con el resto del mundo....

Carretera Trujillo-Cáceres después de una tarde tormenta.

Avenida de Alemania, Cáceres antes de una mañana de lluvia y  viento.


Mañana nublada en Avd Isabel de Moctezuma, poco antes de una granizada.

Plaza Mayor de Cáceres tarde de WOMAD 

Mañana de sábado sin lluvia, pero con viento.

Contrastes en la Plaza Mayor de Cáceres.

viernes, 12 de mayo de 2017

Manías de una aprendiz de escritora


A principios de esta semana terminaba el que será mi segundo libro, un libro lleno de sentimientos, relatos y versos o algo parecido escritos en verde.
Un libro donde vuelvo a desnudar mi alma en cada palabra escrita, donde os abro un poco más mi corazón.

Ayer tomando un café con un amigo de toda la vida, me preguntaba que sí tengo manías a la hora de escribir.
Me conoce lo suficiente como para saber que tengo más de una en mi rutina y vida diaria.

A parte de mi bolígrafo verde, debo confesar que debo ser algo atípica.
Escribo por impulso, en cualquier lugar, siempre llevo un cuaderno y un bolígrafo conmigo por sí la inspiración me asalta.
No necesito estar a solas, ni en silencio, a veces sí pero no necesariamente para escribir, los que me conocen bien, saben que soy bastante solitaria e independiente en mi día a día.

Aunque también tengo algún que otro lugar preferido para escribir, podéis encontrarme algunas mañanas tomando un café en cualquier lugar de la ciudad mientras escribo o corrijo.
Normalmente no escribo por las noches, aunque reconozco que algunas veces sí he tenido necesidad de levantarme para tomar notas.

No escribo con una botella de whisky al lado ni en momentos de máxima tristeza.
Aunque a veces esa tristeza me ha ayudado a escribir.
Escribo normalmente a media tarde y siempre sentada sobre mi cama, me gusta escribir a mano toda la obra, donde hago mis primeras correcciones y tachones, muchos tachones, reconozco que me da pereza el ordenador y me cuesta mucho pasar todo lo escrito a mano, remoloneo mucho, quizás demasiado, pero cuando la emoción me puede no paro de teclear.
Tampoco bebo café para mantenerme despierta por las noches y poder escribir, soy demasiado disciplinada como para saltarme rutinas.
Duermo mis horas correspondientes.

Pero confieso que cuando  acabo un manuscrito, abro una botella de vino, me sirvo una copa, enciendo un cigarrillo, soy ex fumadora, pero de vez en cuando fumo por puro placer, y disfruto de ese momento de lectura de mi obra mientras brindo por lo bien que lo he hecho.
Soy una escritora atípica, quizás por que aún soy una simple aprendiz en este arte y mundo de escribir.





sábado, 8 de abril de 2017

Motivos...

Tenía mil motivos para odiarte y salir corriendo y uno sólo para quererte y quedarme.

Elegí quedarme, apostar todo a una sola carta y quererte hasta que me doliera hacerlo.

Me quedé para demostrarte que nunca es tarde, que todo llega a su debido tiempo, y que la espera merecía la pena.

Por qué todo aquello que merece la pena, merece una espera...

Siempre hemos sido las personas perfectas, en la distancia equivocada, aún estando a un milímetro estábamos lejos...

Nunca era nuestro momento, tal vez nunca lo fue...

Pero lo será, estoy segura que lo será...


sábado, 11 de marzo de 2017

Querida amante

Te lo llevaste sin manual de instrucciones, sin preocuparte de lo que quiere y sin saber quién es en realidad.
Tiene sus cosas buenas y malas como todos.
Se preocupó por mostrarme las malas, por sí quería huir antes de empezar, le mostré las buenas cuando decidí quedarme a su lado.

Le gustan los lunes, él es diferente a todos los demás, y lo celebra al llegar a casa con comida japonesa que compra cuando sale del trabajo, siempre en el mismo lugar, es un hombre de costumbres.

Los martes recorta su barba antes de desayunar, le gusta hacerlo mientras preparo café y huele a tostadas. Ese día se despide con un beso más largo de lo habitual tal vez para mostrar que está más guapo y aseado de lo normal.

Los miércoles es ese día neutro en el que va y viene, se siente perdido en el ecuador de la semana, suele hacer el amor como sí no hubiera un mañana, se entrega de modo salvaje y disfruta de cada empujón mientras gime y grita, ese día aparece su yo más desconocido, ese yo sin medida y anárquico que te envuelve y te atrapa.

Los jueves suele estar algo cansado y parece algo preocupado, pero sí le sonríes y le preparas su cena preferida, se acurrucará junto a ti en el sofá sin pedir ni dar explicaciones.

Los viernes sale más temprano de lo normal de casa pero también regresa antes, debes estar preparada para cuando llegue, toca cenar en algún lugar elegido al azar y bailar hasta la madrugada en algún lugar donde que canten y bailen tangos.

Los sábados no madruga, se levanta a media mañana, con algo de resaca, pasa el resto del día en pijama, con algún libro entre las manos, a media tarde, prepara café para dos y enciende ese puro que fuma de sábado a sábado. Suele durarle varias semanas, así que debes estar atenta para tener siempre uno que ofrecerle.

Los domingos está algo triste y distante, antes de levantarte, bésale, acaríciale y termina por hacerle el amor. De este modo se olvidará que al día siguiente todo vuelve a empezar.

Te lo llevaste por que yo dejé que te lo llevaras, quise darle alas para volar y que fuera libre de elegir.

Te lo llevaste, porque aún siendo un hombre de costumbres, había perdido esa costumbre a la que me había acostumbrado y tanto me gustaba, esa costumbre era quererme.




martes, 7 de marzo de 2017

Siempre


Y nos es a veces, 
es siempre que necesito tenerte y sentirte. 
Es siempre que necesito escucharte. 
Es siempre que necesito mirarte. 
Es siempre que necesito quererte y amarte.


Saber de amor


Sí, claro que se de amor, 
se de su amor,
 se de mi amor 
y sé de nuestro amor... 

Sé de ese amor eterno y no olvidado, 
se de ese amor suyo, 
de ese amor mío, 
de ese amor nuestro.


lunes, 6 de marzo de 2017

Tarde de poesía


"Llegó una tarde a finales de verano, al parecer para quedarse, pero no dijo por cuanto tiempo.

No hubo besos y tampoco un sólo te quiero. 

Sólo hubo miradas cómplices que lo decían todo. 

Miradas que decían más que cualquier palabra. 

Llegó una tarde de verano, para irse una mañana de otoño."
(MJMA)


domingo, 5 de marzo de 2017

Intentar


Y mira que lo intento, pero mis mañanas siguen oliendo a ti, a café recién hecho y besos.
A remolonear en la cama entre abrazos y risas.
A cosquillas desmesuradas y carcajadas a cada segundo.

A las ganas de despertarte a besos y despertarme sintiendo los tuyos.
Me siguen oliendo a susurros al oído y espejos empañados en el baño.

Me siguen oliendo a tus risas y tus te quiero.
Me siguen oliendo a ti, mientras te espero de nuevo, aquí al otro lado.



Condenados...


Pues no sé sí fue un día cinco, un día siete o cuando fue.

Sólo sé que desde ese día nada volvió a ser lo que era, desde entonces me despierto y duermo pensando en tu mirada, soñando con tus abrazos y sonido de tu voz.

No sé cuando fue, tampoco me importa, por que nuestro amor no tiene fecha nunca la tendrá, nos seguiremos queriendo y echando de menos por igual.

Por que estamos condenados a querernos sin principio pero también sin final.


sábado, 4 de marzo de 2017

Sobre ti, sobre mi, sobre nosotros...

Sí, escribo sobre ti, sobre mi, sobre nosotros...
Sí escribo de tu amor, de mi amor, pero sobre todo de nuestro amor...
Sí escribo de tus sueños, de mis sueños y de nuestros sueños...
Hablo de ti en voz baja, como sí fuera pecado quererte...
Hablo y escribo de ti, de mi, de nosotros...
Hablo y escribo de ti para mantenerte vivo a pesar de la distancia infinita...
Hablo y escribo de ti para mantenerte y hacerte inmortal...
Hablo y escribo de ti, de mi, de nosotros para mantenernos juntos...


jueves, 2 de marzo de 2017

Días grises


"Y en aquella soledad absoluta, llena de paz y a la vez de melancolía, me encontré de nuevo incumpliendo promesas. 
Me vi de nuevo mendigando besos, abrazos y miradas.

Aquello que prometí nunca más pedir, una vez más caía rendida esperando a que me mirara, me besara y me abrazara."
(MJMA)



miércoles, 1 de marzo de 2017

El refugio


"Se refugió en mis brazos una vez más.

Siempre lo hacía cuando se sentía perdido, me entregó sus ojos, sus manos, su boca y sus heridas.

Se refugió en mis brazos, mientras me abría el corazón y el alma.

Llegó sin nada, porque nada tenía.

Llegó buscando el perdón, por haber perdido una vez más el rumbo.

Se refugió en mis brazos, aquellos que añoraba en las noches compartidas con alguien llamado, soledad."
(MJMA)


Me olvidé...

Quizás suene extraño, pero sí a veces me olvido de ser mujer para querer llegar a ser una supermujer, o llegar a eso que llaman igualdad entre hombres y mujeres.

En los últimos días he compartido conversaciones con mujeres de un rango de edad muy similar al mío. 
Pertenecemos a una generación con estudios universitarios y que vivimos la transición política de España en nuestra infancia.

Hechos que sin duda nos han marcado enormemente, nos educaron para ser libres económicamente y no tener que depender de un hombre para vivir.
Hasta aquí bien, no me gusta depender de nada ni nadie. Muchas hemos renunciado al matrimonio o convivir en pareja para realizarnos profesionalmente o simplemente por que no tenemos ese instinto maternal del que una gran mayoría habla, pero ese es otro tema.

Llegadas a cierta edad muchas hemos pasado por distintas fases laborales, por despidos, volver a comenzar y salir sola de más de un apuro. 
No entiendo como llegados a los 40 en pleno siglo XXI seamos mayores para desempeñar puestos de trabajo, sin embargo hasta que no cumples los 45 no tienes derecho a solicitar una ayuda del gobierno por que el subsidio de desempleo ha llegado a su fin. 
Resumiendo que hay una franja de edad en que casi eres inexistente, no sirves para unas cosas y para otras tampoco, lo que venimos llamando incompatibilidad.
En algunos trabajos prácticamente te prohíben tener hijos, de hecho sí estas en edad fértil más de un empresario te da la espalda por las temidas bajas maternales y todo lo que conlleva formar una familia. 
Pero hay otro sector empresarial que sin embargo prefiere tener mujeres trabajando que hayan formado una familia y tengan un hogar estable, al parecer esta faceta de la mujer las hace más responsables.
Yo me pregunto ¿qué tendrá que ver la velocidad con el tocino?

Pero aún desempeñando el mismo puesto de trabajo que un hombre las mujeres siguen cobrando mucho menos que los hombres. 
Y además ellos no tienen que demostrar cada día que por el simple hecho de haber nacido hombres son válidos para desempeñar ese puesto sin problemas, se da casi por hecho que está capacitado para hacerlo sin problema.
Seguimos mezclando lo anterior mencionado.

Bien muchas consiguen conciliar vida laboral con vida familiar, son trabajadoras, muchas son empresarias, cuidan de sus hijos, son esposas y mantienen un hogar con esa estabilidad bien vista por la sociedad.
Pero además buscan el seguir sintiéndose realizadas y valoradas acudiendo a gimnasios, haciendo deporte o bien teniendo alguna que otra aficcion fuera del hogar y fuera del trabajo.

Es cuando yo me pregunto ¿en que momento del día somos realmente mujeres? 

Yo he llegado a la conclusión que solo somos mujeres mortales en esos días del mes que nos diferencian de los hombres, los demás días somos hombres encerrados en cuerpos de mujeres que nos llevan a  demostrar doblemente lo que valemos.

Tenemos además en contra a todas esas mujeres casi perfectas que salen en revistas y televisiones haciéndonos creer que es muy fácil conciliar todo lo anterior nombrado.

Mientras a ellos cada vez el camino se les pone un poco más fácil, ahora ni siquiera tienen que ir al gym, se llevan los "fofisanos" y mientras nosotras seguimos empeñadas en demostrar que podemos correr con tacones, levantarnos con la pestaña pintada y que somos tan fuertes y bien hechas que no necesitamos ayuda.

Ah y por cierto se me olvidaba que sí te despiden de un trabajo en ese periodo de edad entre los 40 y los 45 puedes hacerte autónoma, bueno ahora nos llaman free lance y lo mejor de todo es que estas muy bien vista y te llaman emprendedora.

Aún estando en esta franja de edad que muchos quieren calificar como los "nuevos 30", aquí sigo viva y coleando, sobreviviendo que no es poco e intentado recordarme cada día que no soy una súper mujer sino una mujer a secas, aunque a veces se me olvide.